viernes, 24 de marzo de 2017

NUESTRA MÚSICA TRADICIONAL: DULZAINEROS DEL SIGLO XX

El siglo XX fue clave para la música tradicional de Segovia, por toda la labor de recopilación de canciones y costumbres.
Hacia el 1900 la dulzaina era un intrumento muy tosco, depues se reformó y modernizó dotándose de llaves y alargando su afinación. La dulzaina del “Tío Saluda” por ejemplo era una de las primeras dulzainas reformadas, fabricadas en la casa del afamado constructor Angel Velasco, de Valladolid. El redoblante,  caja, o tamboril, con parches de piel, es un heredero directo de los tambores militares.
A continuación destacamos los intérpretes cuya parte más importante de su obra se enmarca desde el año 1900, hasta finales de este mismo siglo, aproximadamente. 


PAULINO GOMEZ TOCINO “EL TIO TOCINO” (1882-1960)

Natural del pueblo de Abades. El gusto y la afición por la dulzaina le viene de joven, al ver tocar en su pueblo en las romerías y procesiones, al “Tío Bernardito”, del cual con una dulzaina de segunda mano, aprende los primeros pasos. 
Durante la mili, formo parte de la banda militar, por que tenía 13 un gran oído, lo que le facilitaba quedarse con las canciones al vuelo. 
Los oficios a los que se dedicó, fueron los de carpintero, cazador y esquilador de ovejas. Una vecina suya nos recuerda, que ensayaba 2 horas diarias. 
A los 60 años aproximadamente sufrió una parálisis cerebral, que le paraliza la mitad derecha de su cuerpo, lo que no le impide dejar de tocar, sino que para hacerlo debe inclinarse a un lado (argallau). En el año de su muerte, el 1960, tocó en dos puntos de la procesión de Abades. 
En vida fue para muchos el mejor de todos los tiempos, tenía un gran prestigio, y decía que tenía que quedar bien por todos los lugares a los que fuera a tocar, por lo que nunca le faltaran seguidores.
De joven, una de las anécdotas más curiosas que le ocurrieron, fue cuando el alcalde del vecino pueblo de Sanchidrián, le contrató para tocar en la romería de las fiestas, y le advirtió, que el dulzainero del año anterior, casi muere reventado, de lo larga y dura que era la procesión. 
El día del toque en Sanchidrián junto con su tamborilero, Tocino, consiguió dar varias vueltas al pueblo, quedando finalmente sólo 4 danzantes, por lo que al finalizar la procesión, le levantaron a hombros y le hicieron quedarse varios días allí, sorprendidos con su aguante, ya que el año anterior, el dulzainero que tocó, tuvo que retirarse. 
En el año 1939 junto con el maestro Agapito Marazuela, y el “Grupo de danza y paloteo de Abades”, representó a la provincia de Segovia, en la Exposición internacional de Londres.





RICARDO GONZÁLEZ HERRERO. (1887- 1970) 

Nace el 7 de febrero de 1887 en la villa de Fuentepelayo. Pertenece a una familia donde la mayoría eran músicos. 
A lo largo de su vida ha tenido varios oficios además de dulzainero, como son el de cantero, segador y peón 14 de albañil. 
La primera agrupación musical en la que participó, fue la integrada junto con sus dos hermanos, con la que tocaban todos los domingos, y días de fiesta en el pueblo de Fuentepelayo. 
A la edad de 27 años, allá por el año 1924, empieza a tocar por lo pueblos de la comarca. 
En el 1925 empieza a enseñar el manejo de la dulzaina a su hijo Rufino, y más tarde a su hijo José María la ejecución del tamboril. 
También ha participado en varias agrupaciones, como el “Grupo de danzas y paloteo, Villa de Fuentepelayo”. 
Falleció el 21 de agosto de 1970.





SIXTO MONTALVO BERMEJO (1891-1960)

Nace en Zarzuela del Monte, el 28 de Marzo de 1891. Aprendió a tocar la dulzaina con Ángel Hernán Gómez, dulzainero de Laguna Rodrigo, a donde le llevaba su familia los lunes en un burro, recogiéndole el sábado.
Junto con Ángel Hernán hizo muchas intervenciones musicales, en público, tanto en pueblos de la provincia de Segovia, como en las de Ávila y Madrid. Era un músico, que dominaba muy bien la ejecución de la dulzaina, sabía interpretar a la perfección todas las piezas tradicionales, ya fuesen pasodobles, mazurcas, revoladas… 
Los vecinos de Zarzuela del Monte, decían que siempre estaba tocando la dulzaina, a todas horas, daba igual que hubiera misa… que cualquier acontecimiento. Durante varios años, tocó en la romería de la virgen de “El Henar”, en Cuéllar. 
Ha dejado alumnos, como sus vecinos Luis Barreno y Gregorio Dimas Montalvo. En algunas entrevistas que le han hecho a este último, que además era su sobrino, indicó que Sixto compartió enseñanza junto con Agapito Marazuela, por lo que parece ser que aprendieron la técnica musical en común. 
El 4 de Enero de 1960, muere, y se  le recuerda como “el mejor tocando la jota.”, como decía M. Contreras






AGAPITO MARAZUELA ALBORNOS (1891-1983)

Nace en Valverde del Majano, un 20 de Noviembre de 1891. De niño, sufrió una meningitis, la cual le dejó marcadas unas secuelas para el resto de su vida, la más significativa fue la ceguera. 
Su familia, muy humilde regentaba una fonda a la entrada de la ciudad de Segovia, por la Fuencisla. (El Ventorro de Somosorro) 
A los 14 años de la mano de Ángel Velasco, dulzainero del pueblo de Renedo de Esgueva (Valladolid), recibe las primeras clases de dulzaina, mientras que recibe formación de solfeo y de guitarra por parte de su padre, de un veterinario y guitarrista de Zarzuela del Monte. Poco tiempo después, con la ayuda de su padre, un burro, y una guitarra, va recorriendo la provincia de Segovia. Se matricula en el “Conservatorio de la música de Valladolid”, para aprender mas y mejor la ejecución de la guitarra. Según avanza su vida, su faceta de dulzainero, la vive con dos caras; por una, tocaba para divertimiento o como afición, y por la otra tocaba para ayudar económicamente a sacar a su familia adelante. 
En el año 1924, ofreció su primer concierto de guitarra en el teatro Juan Bravo de Segovia. Por su éxito, desde esta actuación, no le pararon de llover las ofertas de actuaciones por diferentes lugares. En  1930, como dulzainero, graba dos discos de carbón prensado, en los que se pueden escuchar dos piezas en cada uno, las cuales le dieron mucha popularidad y fama en el mundo del folklore especialmente. 
En 1932 con la ayuda de un buen puñado de personajes ilustres de Segovia, se hace pública la intención que tenía de publicar un libro de la canción tradicional segoviana, y se abren cuentas para recibir donativos de ayuda para la publicación. 
Este mismo año, en la época estival, el maestro Agapito comienza a recorrer los pueblos de la provincia segoviana y otras colindantes como Ávila y Valladolid. 
En este año se convoco el “Concurso Nacional de Folklore”, en Madrid, y con la ayuda económica de Teófilo Hernando, se presentó, aunque no estaba muy convencido. 
Afirmaba que era muy poco lo que había recogido, y Don Teofilo, le dijo, “bueno, por lo menos que vean éstos lo que se canta en Segovia”. 
Al conocer el fallo del jurado se vieron sorprendidos, al ser el mejor de los 18 trabajos presentados. El motivo principal para alcanzar el premio, sin lugar a dudas se debió a la calidad del repertorio. Agapito Marazuela presentó al concurso un total de 150 canciones, pero indicó que era “una milésima parte de todo lo que había ”. 
El repertorio de canciones se tituló “Cancionero de Castilla la Vieja”, y por medio de la ayuda de la Asociación SABA, se pidió ayuda a la Diputación Provincial de Segovia, para hacer que este cancionero viese la luz y fuera publicado, cuestión que no pudo hacerse realidad. 
En el año 1936 entra a formar parte de las Juventudes Socialistas Unificadas, las cuales le encargan que haga una selección de los mejores grupos folklóricos que existían en ese momento en el panorama nacional, para que actuases en la denominada “Olimpiada Roja”. 
Este año casualmente coincide con el estallido de “La Guerra Civil Española” la cual le hace pasar un buen periodo aislado, pero a pesar de ello no paro de hacer música. 
Durante la posguerra pasa mucho tiempo en cárceles como la de Madrid, Burgos, Vitoria… 
En el año 1960 le tributaron un gran homenaje en el teatro Juan Bravo, y cuatro años después en el 1964, se publica el “Cancionero de Segovia”, con un total de 337 canciones, después de que en 1932 no fue posible que viera la luz. 
En 1969 se edita un disco titulado “Folklore Castellano”, en el que si incluyen 22 temas. 
En el año 1976, con la organización principal de Ismael Peña, se le hace un CD homenaje, bajo el titulo de “Segovia Viva”, en el cual participan Joaquín González Herrero, Facundo Blanco, el Nuevo Mester de Juglaría, y el Grupo “Hadit”. 
Tiempo después la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Segovia, le facilita un modesto local donde el maestro Agapito, instala la “Cátedra de Folklore”. Allí imparte clases de dulzaina, de guitarra, y de música tradicional en general, a un amplio grupo de jóvenes entusiastas por este tipo de música, destacando entre ellos Joaquín González, y Lorenzo Sancho. 
El 24 de Febrero de 1983, vive el último capítulo de su vida, falleciendo en la ciudad de Segovia y dejándonos una de las mejores obras de música popular. 
Después de su muerte fueron publicados tres libros, que hablan sobre su vida y su obra. El fue una persona que murió en una mísera pobreza, y se hizo famoso después de su muerte. En la actualidad, se organiza el “Premio Nacional del Folklore Agapito Marazuela”, como homenaje de toda su obra, y a su persona.





MARIANO CONTRERAS “EL OBISPO” (1903-1994)

Mariano Contreras, nació el 17 de abril de 1903, en Santiuste de Pedraza (Segovia). Apodado “El Obispo”, por que en su pueblo, se dedicaba a “bautizar”, a todos los vecinos de su pueblo, es decir a adjudicarles apodos. 
Desde niño ya tocaba el tamboril que el mismo fabricaba manualmente con 18 cañas de cañizo, por lo que la afición por la música ya le venía de temprana edad. 
Su padre, Gregorio Contreras, era tamborilero, pero no le hacía mucha gracia que su hijo se dedicase a la música. Ante la gran insistencia de Mariano y viendo las facultades que tenía no tuvo más remedio que ceder. 
Gregorio hablo con Román Peseto, dulzainero de Collado Hermoso, para que le diera unas clases “al chico”, y le vendiera una dulzaina que le costó 14 duros. 
Mariano Contreras era un dulzainero autodidacta, por que con lo poco que le enseño Román y los conocimientos de su padre, poco a poco aprendió a desenvolverse a la hora de tocar la dulzaina. Después amplió su repertorio escuchando a los buenos dulzaineros de la zona, como eran “El Nincho” de Caballar, Julián García Gaona de Torre Val de San Pedro y al “Tío Luis” de Matabuena. De este último fue del personaje que Mariano se declaró mas admirador; y decía de él: “Cuando toca el tío Luis en Matabuena, se le puede escuchar en Navafría.” Le seguía por todas las fiestas e intervenciones en las que tocaba, para aprender de su repertorio. 
M. Contreras, no sólo tocaba la dulzaina, también tocaba a la perfección el tamboril, gracias a las enseñanzas de su padre. Mariano decía, “Que todo dulzainero debe conocer a la perfección los ritmos y el manejo del tamboril, por que es un instrumento que va muy parejo a la dulzaina”. También utilizaba la guitarra, que como todo chico de su edad, la utilizaba para rondar a las mozas mas guapas. Año tras año, Mariano tocaba en más pueblos, al lado del tamborilero Facundo Blanco, que hicieron pareja más de 30 años. Realmente se hizo un hueco entre los mejores dulzaineros de la provincia. 
En el año 1956, Mariano dejó Santiuste de Pedraza, para irse a Segovia. Allí en los barrios de San Lorenzo y La Lastrilla, tocó en fiestas tan populares  como las Águedas, formando pareja con el dulzainero Mariano Silverio, entre otros. 
Fue profesor de dulzaina en la escuela de la Diputación. A lo largo de su vida enseñó su estilo de tocar y entender la música a todos y cuantos se acercaban a él, y a su lado se han formado alumnos como Rodrigo Peñas Barroso, Martín López Llorente, Juan José Cid Cotoval y un largo etcétera de buenos dulzaineros. 
Además en la época en la que en las iglesias no había órganos, se atrevió ha interpretar la misa con dulzaina, lo que más tarde se pasó a denominar “Misa Castellana”. Y el 17 de junio de 1994, murió en la capital segoviana. Desde ese año en el barrio de San Lorenzo, la asociación de vecinos organiza los, “Encuentros folklóricos Mariano Contreras.”






FACUNDO BLANCO HERRERO (1909) 

Nació el 27 de noviembre de 1909, en el segoviano pueblo del Cubillo. 
Su interés por la dulzaina y el tamboril ya le venía de niño. Las primeras enseñanzas para tocar el tamboril las recibió, de parte paterna. 
Durante muchos años ha acompañado con el tamboril a varios dulzaineros. Como son Mariano Contreras, con el “Tío tocino”, y muchos más. 
A lo largo de su vida ha resaltado varias veces, que el tamboril es un instrumento de acompañamiento a la dulzaina. También ha hecho sus pinitos como cantante, al heredar de su parte materna una muy buena voz. 
Sus profesores tanto de tambor, como de dulzaina han sido familiares suyos, como su bisabuelo Eloy, y su tío Juan. Ha recibido varios homenajes, el más significativo, fue el recibido en Madrid, en la Plaza Mayor, pero por su faceta como dulzainero, aunque él siempre se ha considerado tamborilero.






MARIANO SAN ROMUALDO “EL SILVERIO” (1914-2007)

Dulzainero de la dinastía y familia de músicos de “Los Silverios”. Nace en el El Guijar, pero su juventud la pasa en Torreiglesias. A los 12 años de edad, aprende a tocar primero el tamboril, y luego la dulzaina. 



Está considerado uno de los mejores dulzaineros segovianos, y se le compara, con otro de los grandes “Agapito era un dulzainero de salón, y Mariano Silverio es más todoterreno”.  
De niño, acompañaba a su padre, también dulzainero. Con el paso del tiempo empezó a dominar con destreza, y pasar de tocar por necesidad, a tocar por afición. En el año 1939, al acabar la guerra civil su familia se traslada a vivir a Segovia capital, donde Mariano se dedica al oficio de zapatero remendón, y su familia además regenta un bar.
Ha tocado en muchos lugares tanto de la provincia, como del país. En el año 1942 es uno de los miembros fundadores de la Asociación Cultural Grupo de Danzas La Esteva. Ha sido uno de los grandes embajadores del folklore segoviano
Ha sido colaborador con el segoviano grupo “Nuevo Mester de Juglaría”, y ha prestado sus servicios como profesor a la Escuela de Dulzaina de la Diputación, en la cual ha dejado grandes alumnos. Era un músico que lo que sabía era por haberlo aprendido “de oído” como la gran inmensa mayoría de los dulzaineros antiguos.

A lo largo de su vida ha realizado dos grabaciones: la primera en el año 1977, bajo el título “Fiesta en Castilla”, y la segunda en 1981, llamada “Al Abuelo”, como homenaje a su familia. Por su trayectoria fue nombrado hijo predilecto del pueblo de Torreiglesias, y galardonado con el “Mayores Castilla y León” en el año 2007.



CRESCENCIO MARTIN “SIETEALMUERZOS”. (1917-2001)



Crescencio, nació  en Santiuste de San Juan Bautista, donde paso toda su infancia. Trabajó como pastor, peón de albañil, y también emigró a Francia para trabajar de jornalero. Pero su oficio, y al que se dedicó la mayor parte de su vida, fue el de dulzainero. Un día un vecino de Santiuste de San Juan Bautista, le dijo a su padre que tenía que llevar al chico a un maestro para que le enseñase música, que “es un oficio muy bonito, con el que se gana dinero y se come bien”.
Entonces su padre habló con Don Venerando García “El Jejo”, dulzainero de la zona de Santa Maria por aquellos tiempos, y en menos de un mes, Crescencio se aprendió unas 15 piezas, con su primera dulzaina hecha artesanalmente en madera de fresno, por él mismo, mientras trabajaba de peón de albañil, para costearse las clases.
Poco después en su estancia en la “Villa de Coca”, aprende solfeo en la banda del pueblo, y “El Jejo” le aconseja que se compre una dulzaina mejor, con llaves incorporadas, del Maestro Ángel Velasco de Valladolid. Entonces Crescencio va pidiendo a toda su familia hasta reunir los 14 duros, que era lo que le costaba el instrumento. 
Cuando llega a Valladolid en bicicleta, después de pinchar tres veces, deja la bicicleta en un taller de bicicletas, en la zona de “Campo Grande” y entra al taller del maestro artesano Velasco, y allí es donde se lleva la primera desilusión, al ver que sólo queda una dulzaina para zurdos, y no le queda mas remedio que quedarse con ella. 

A la edad de 16 años, en Santa María de Nieva, toca en solitario por primera vez en público. Recibió muchos aplausos y un buen éxito. Luego tocó en Arévalo, en la Moraña…. y poco a poco las parroquias aumentaban. Algunas localidades esperaban que llegaran las fiestas para escucharle tocar en la procesión y en las dianas. Acompañó a dos grupos de danzas, uno el creado por la Sección Femenina, y durante los últimos años al grupo de Paloteos de Armuña (Segovia).
Pocos han sido los pueblos en los que no ha tocado Crescencio. Presume de haber tocado con 70 tamborileros diferentes, y en 176 pueblos de la provincia de Segovia y en ciudades y localidades como Burgos, Zamora, Ceuta, Alicante, Madrid, París…. 

Ha sido profesor de dulzaina de las escuelas de dulzaina y tamboril de Santa Maria la Real de Nieva, y de Cuellar, las dos patrocinadas por la Diputación, dando clase hasta años antes de su muerte. Sus alumnos y compañeros le grabaron un CD homenaje (De Crescencio, herencia de un dulzainero).  



DEMETRIO GARCÍA MORENO (1934) 



Dulzainero de La Matilla. Su inicio en la música se produjo con el primer instrumento que tuvo a la edad de 10 años, un pito hecho con el cuerno de un chivo. De joven adquiere una dulzaina que tiene dos cuerpos, con la que toca por procesiones de la zona acompañado de sus dos hermanos, Gregorio y Vicente. 

Ha hecho una gran labor de recopilación y conservación en las comarcas de Sepúlveda y Pedraza, en los años 60 principalmente, y acompañado del “Tío tambores”, tamborilero de Cantalejo. Junto a otros dulzaineros antiguos ha sido profesor de la “Escuela de Dulzaina de la Diputación de Segovia”, siendo uno de entre los muchos que pasaron por ella, también dio clases en la zona de Sepúlveda.  



LUIS BARRENO ANTÓN. (1936-?)



Dulzainero del pueblo serrano de Zarzuela del Monte. Empieza a tocar este instrumento a la edad de 14 años. Tuvo como maestros a dos dulzaineros de su mismo pueblo, primero Leandro Bermejo y después a Sixto Montalvo "El Tio Saluda", con el que dió unas 20 clases.
En algunas entrevistas que le han hecho a Luis, dice que el Tio Saluda es duro por que tocaba dos veces una pieza, tu la escuchabas y te decía que hasta que no la supieras no volvieras.. Con el Tio Saluda fue con el que más aprendió,  le enseñó unas 15 piezas. Desde aquí empezó a tocar por los pueblos y poco a poco fue mejorando. Era uno de los mejores dulzaineros, de los más vertiginosos, y de lo que con más energía tocaba la dulzaina.
Tocaba de oido. No sabía música, escalas, solfeo, etc. Y de los pocos dulzaineros que no utilizaba las llaves de la dulzaina, porque las notas bemoles y las sostenidas, las hacia con la boca..
Ha participado en varias formaciones musicales. Entre ellas, y quizá la mas importante, la “Ronda de Zarzuela del Monte”, con la que llegaron a hacer una grabación en formato LP. Y ha participado como profesor de dulzaina en la escuela de la Diputación de Segovia, dejando alumnos, como Pablo Zamarrón, y sus dos hijos, que forman el grupo los “Hermanos Barreno”.






Decir cuál ha sido mejor dulzainero es complicado. Aunque hubo muchos más, un posible órden de los considerados mejores dulzaineros antiguos segovianos que se conocen es el siguiente  :

1º.-Paulino Gomez Tocino “El Tío Tocino” (1882-1960), de Abades.

2º.-Luis Barreno Antón. (1936-?) de Zarzuela del Monte
3º.-Agapito Marazuela Albornos (1891-1983). De Valverde del Majano
4º.-Mariano San Romualdo “El Silverio” (1914-2007). el El Guijar
5º.-Mariano Contreras “El Obispo” (1903-1994). De Santiuste de Pedraza
6º.-Sixto Montalvo Bermejo “ El Tio Saluda” (1891-1960) de Zarzuela del Monte
7º.-Crescencio Martín “Sietealmuerzos” (1917-2001) de Santiuste de San Juan Bautista
8º.-Demetrio García Moreno (1934) de La Matilla

RITMOS Y DANZAS DEL FOLKLORE SEGOVIANO

La música folklórica castellana y segoviana es una de las más ricas de España, por la gran cantidad y calidad de las canciones y bailes que se conservan, todo ello gracias en gran parte a Agapito Marazuela. Como hemos indicado hay una gran variedad de ritmos y danzas y todos ellos tenían un significado y un rito, como son las seguidillas, las canciones infantiles, canciones de cuna, romances, tonadas, mazurcas, polkas, rondas… y un largo sin fin. Además de otros ritmos frecuentes en toda España, como el pasodoble, el vals, la revolada o muñeira, los pasacalles, las dianas… A continuación reseñamos un pequeño listado de los más significativos y populares.

  • La jota, es la pieza más popular y representativa de nuestro folklore por su sencillez, expresividad y rima. Suelen tratar temas variados, como son amores o también denominadas “jotas de ronda”, burlescas, de oficios, etcétera, todos claros ejemplos de sabiduría popular Son acompañadas por instrumentos como la botella, almirez, pandereta, guitarra, dulzaina, etc. Es una forma de expresar la alegría, siendo típica en la mayoría de procesiones, y bailándose por parejas en forma lineal. 







  • Bailes de rueda, también denominados, corridos de rueda, o entrada de baile. Es una danza muy peculiar. Como el propio nombre indica, los danzantes se colocaban en forma de rueda o círculo. Como la gran mayoría de danzas se bailan en días festivos, en las poblaciones rurales, coincidiendo con algún ciclo de parada agraria. En este baile intervenía la gente mayor, y los mozos, que lo empleaban como una forma de “ligue” con las chicas, al demostrar sus habilidades. Esta danza marcaba de alguna manera la entrada para todas las demás, solían ser las primeras que se bailaban. Hay testimonios de personas mayores, que recuerdan su origen a finales del siglo XIX, continuándose durante todo el s. XX. Los instrumentos musicales empleados eran la dulzaina y el tamboril. 






  • Fandango y seguidilla, son unos bailes que se cantaban y danzaban especialmente en reuniones familiares como matanza, esquileo o antes de las bodas. Es muy alegre, y no tienen nada que ver con el fandango o la seguidilla andaluza. El fandango también denominado con el nombre de “baile llano”, se empleaba mucho en las galas de las bodas.






  • Danzas de palos, paloteos, o palo corto. Es un tipo de danza muy antigua. En la catedral de Segovia se encuentra recogido en varios archivos como se paloteaba en los pueblos de Armuña y Tabanera del Monte allá por el siglo XIII. Es frecuente encontrarlos en muchos puntos de la península, y del territorio mundial. Como nota decir que varios puntos de nuestra geografía se bailaban con espadines en vez de con palos de madera. En Segovia, en estos dos lugares ya citados, como en muchos otros tenias que cumplir el requisito de estar soltero, y lo solían bailar los jóvenes que en ese año hacían “la mili”. En la tierra de pinares, estas danzas se caracterizan por la rapidez y complejidad, con que se ejecutan. A lo largo del s. XIX y XX, era típico verlas bailar en pueblos como San Pedro de Gaillos, Veganzones, Armuña, Carbonero el Mayor, Aguilafuente, Lastras, y Fuentepelayo entre otros pueblos, en fiestas como la octava del corpus. La nota musical a esta danza, generalmente la daba una dulzaina sola, y en ocasiones acompañada de otros instrumentos de acompañamiento como el almirez. 






  • Cantos de boda y de labor. En nuestro folklore hay una gran amplitud de este tipo de cantos. Los “cantos de labor”, como bien dice el nombre, se interpretaban cuando se estaba trabajando en el campo. Mientras que los cantos de boda, suelen tratar temas de elogios a los novios. Mencionar de este tipo la Girigonza, un canto de matanza que se ha extendido por toda la geografía española. 






  • La entradilla, es un ritmo que solamente se encuentra en el folklore castellano y segoviano, reflejado en el Cancionero de Castilla de Agapito Marazuela. Los antiguos la consideraban “danza honorífica”, esto quiere decir que el máximo privilegio que una persona pudiese tener, es llegar al pueblo y que le tocasen y bailasen la entradilla. El maestro Agapito Marazuela la popularizó y es reconocido como uno “de los mejores dulzaineros de Segovia, Ávila y Valladolid”







INSTRUMENTOS DE LA MÚSICA TRADICIONAL SEGOVIANA

Los principales instrumentos empleados en el folklore segoviano se pueden dividir en:

Instrumentos de percusión.

  • Caja o tamboril, de la familia de los membranófonos. Es un instrumento muy típico en toda la península Ibérica. Se parece mucho al tambor, pero es más estrecho y alargado. Ya aparece en las antiguas bandas militares de la Edad Media. La base es una pieza de madera en forma de cilindro de unos 10 cm. de altura, recubierto por unos parches, en las dos caras, y uno de ellos el de la parte inferior generalmente tiene colocada diametralmente una bordonera. Su ejecución consiste en golpear los parches con las baquetas o palos, estos de madera generalmente. En nuestra provincia en la antigüedad, los hacían los pastores, con diferentes partes de las pieles de las ovejas, y durante siglos ha sido acompañante inseparable de la dulzaina.                                                                                                                 




  • Bombo, también de la familia de los membranófonos, pero se diferencia de la caja o tamboril, en que sus dimensiones son mas grandes,  por tanto su timbre mas grave, y no tiene colocada ninguna bordonera, en ningún parche. Es frecuente encontrarle, en el folklore de muchos puntos de la geografía española. Y el sonido se consigue al golpear uno de los parches, con cualquier elemento, generalmente un maza.                                                                                          
                                


  • Pandereta, es un instrumento muy simple, está formado por una aro de madera donde en una extremo va situado un parche, y en el mismo aro van situadas unas sonajas, y al golpear el parche se produce el sonido. Sus primeras menciones literarias son de principios del siglo XIV. Y aparece en varios capítulos de la Biblia, y es un instrumento que se puede encontrar en muchas partes del mundo.

                                                   

 


Instrumentos  de Cuerda
  •  Guitarra, de cuerda punteada, y muy parecidos como todos los instrumentos de esta familia solo que se diferencian el número de cuerdas, que éste en particular tiene 6. Es de los más frecuentes, tanto en la música popular segoviana, como en la peninsular. La primera aparición de este instrumento, es en el siglo XVII, sólo que con el nombre de vihuela, y con dimensiones menores que las actuales, la empleaban los trovadores y juglares, cuando iban de pueblo en pueblo cantando, contando historias y noticias de la época. A lo largo de la historia ha ido evolucionando en diferentes aspectos técnicos, y como nota curiosa, decir que durante el siglo XIX, era frecuente que se decorasen con óleos, u otras pinturas. En Segovia durante el siglo pasado, acompañaba a los mozos cuando rondaban a las chicas, las tradicionales rondas de mozos, o rondallas. Para su fabricación se  utilizan diferentes tipos de maderas, como pino, abeto y ébano. Y el sonido se consigue al puntear alguna de las 6 cuerdas; estas vibran, y con la ayuda de la caja de resonancia, se producen las diferentes notas musicales. 



  • Laúd, es un instrumento de cuerda pulsada. Ya aparece en diferentes documentos del siglo XIX, con la forma que tiene en la actualidad, pero se sabe que en Mesopotamia hacia el año 2000 a.C, ya había un instrumento con características muy similares. La función de las actuales púas, en esa época la hacían las conchas de las almejas. Su ejecución es idéntica a la de todos los instrumentos de estas características, sólo que se diferencia en que tiene 12 cuerdas, lo que la hace más complicada y también formada y forma parte de las actuales rondallas. 



  • Bandurria, de cuerda pulsada o punteada, como los dos anteriores, pertenece a la amplia familia del laúd español. Como la mayoría de instrumentos de cuerda aparece en la Edad Media, con el nombre de bandola o bandolín, como le conocemos en castilla. Su cuerpo es más corto que el del laúd, y su ejecución es idéntica a la de los instrumentos anteriores. Tiene 12 cuerdas, y también es un instrumento muy frecuente en formaciones musicales, como rondas y tunas.



Instrumentos Idiófonos. 

Este es un grupo de instrumentos muy variados, cuya ejecución no es nada complicada. Se suelen emplear para el acompañamiento de 8 instrumentos nombrados anteriormente. Los más frecuentes de encontrar en nuestro folklore, son los siguientes:
  • Botella de anís, se utiliza en toda España, su ejecución consiste en frotar con el mango de un tenedor o una cuchara de albaca, los salientes de la botella de cristal. 


  • Almirez, es un útil frecuente en las cocinas castellanas, el sonido se obtiene al percutir con el mango, las paredes y el fondo del recipiente. Es idéntico al mortero, sólo que se diferencia en el material de elaboración, uno es de madera y otro de metal. 


  • Huesera o arrabel, como el propio nombre indica huesera, es un instrumento, en el que van dispuestos, 12 o 14 huesos, enlazados todos con un cordel, para poder colocárselo en el cuello, y con unas castañuelas se frota arriba y debajo.



Instrumentos de viento. 
  • Dulzaina, de viento madera, su estructura esta formada por un tubo cónico de madera donde van los distintos agujeros y llaves, con una campana en la parte inferior, y en la parte superior un alojamiento, donde se coloca el tudel. Hay varias teorías respecto a los inicios de este instrumento, una dice que viene de la familia del aulos griego; otra que proviene de tierras bárbaras, y que el rey Alfonso X, la introdujo en tierras castellanas por el siglo XIII, pero la que más credibilidad tiene nos indica que viene del norte de África. En toda la cuenca mediterránea, del Dufai, existe un instrumento con características muy similares. Los primeros códices donde se menciona son   dos: “Princeps de Las Cantigas, en honor de Nuestra Señora”, libro escrito por el Rey Sabio, donde nos comenta los instrumentos empleados por trovadores, juglares y ministriles, en los siglos XIII y XIV, en Castilla, mencionando a la dulzaina y la chirimía. Y el otro libro donde se nombra, es “El libro del Buen Amor” bajo el nombre de “dulçema”. En Castilla se popularizó en el siglo XVI, haciéndose un elemento indispensable de cualquier fiesta o celebración. Hasta finales del XIX, todas las dulzainas eran diatónicas (no tenían llaves), pero Ángel Velasco de Renedo de Esgueva (Valladolid), tuvo la brillante idea de incorporarla una serie de llaves, para poder dar los semitonos, que es como la conocemos en la actualidad. Quizá es el instrumento más importante y representativo de nuestro folklore. 

                        


  • Pito o flauta, hay varias clases, una es el pito castellano idéntico a una flauta dulce, pero a lo largo del cuerpo, van dispuestas distintas llaves, para poder dar alteraciones. Y luego esta el pito o flauta de tres agujeros, que como el nombre indica es un tubo hueco de madera, que en su parte inferior tiene tres agujeros, por los que se dan las diferentes notas musicales.


  






miércoles, 25 de enero de 2017

CANCIONERO MUSICAL DE LA CATEDRAL DE SEGOVIA

Aunque no se sabe con certeza, este manuscrito de con música de finales del siglo XV y principios del XVI bien pudo ser el resultado de sucesivos encargos de  Isabel la Católica, su yerno Felipe el Hermoso, duque de Borgoña, y de su viuda Juana la Loca, para servir como repertorio básico de la Capilla de Música de la Casa Real Castellana.


Su sede primera fue el Alcazar de Segovia, aunque posteriormente fue prestado a la  Catedral de la misma ciudad, en cuyos archivos permanece hasta fecha de hoy. Este dato es importante, ya que al llevar el nombre de cancionero de la catedral de Segovia, puede parecer que es una colección de música destinada al culto, y por tanto de género religioso, y no es así, ya que el Manuscrito de Segovia es un libro de Corte, como hemos dicho más arriba, y su función primera fue la de servir a los usos de la misma, también a los religiosos, y de ahí que en él se encuentren piezas típicas de un libro de iglesia, misas y motetes, además de las profanas, que son mayoría.
Independientemente de su uso original este manuscrito ha servido a los diferentes maestros de capilla de la catedral castellana como fuente de estudio, y sus partituras han sido cantadas y tañidas por numerosas generaciones de cantores y ministriles castellanos.
Al igual que sucede con el Cancionero de Palacio, el Cancionero de Medinaceli, o el Cancionero de Upsala, contemporáneos suyos, la notación es mensural blanca, usada en toda Europa desde mediados del siglo XV hasta comienzos del XVII.
El estilo es marcadamente polifónico, ya se trate de misas, motetes, villancicos o canciones, ya que esta era la moda de la época, lejos ya de la monodía del Gregoriano y aún por venir la homofonía del final del Barroco y Clasicismo.
Otro rasgo importantísimo de este cancionero es que se trata de música en principio vocal, aunque se sabe que algunas de las voces o bien eran dobladas por instrumentos o directamente se tañían y no se cantaban. La reina Isabel la Católica, probable iniciadora de esta colección musical, tenía una capilla de más de 40 músicos, aparte de cantantes constituida por dulzainas, sacabuches, chirimías, trompetas, cornetas, atabales, laúdes, órganos, vihuelas, etc.
Del total de 204 composiciones 74 son piezas latinas. De estas, 48 están basadas en textos litúrgicos referentes a la Misa y 26 son Motetes. El resto son de temática profana y en lengua vernácula: 50 están en francés, 34 en flamenco o neerlandes y 8 en italiano; todas ellas son Canciones de amor profano. Por último, las 38 obras castellanas, así conocidas por estar en este idioma y por una serie de rasgos típicos de escuela, que comentaremos más adelante. Estas 38 obras castellanas pertenecen a la forma canción o villancico.
Pero ante todo el Cancionero de Segovia es una soberbia antología de la música franco-flamenca. Este estilo, que prevaleció en Europa desde 1420 hasta bien entrado el siglo XVI, tiene tres épocas bien diferenciadas: La primera, comprendida entre 1420 y 1460, está representada por el maestro de maestros Guillaume Dufay. La segunda entre 1460 y 1490, la constituyen compositores como Busnois, Tinctoris...Pero sobre todo Johannes Ockeghem. Y la tercera, que va desde 1490 a 1520 y a la que pertenecen nombres como Jacobus Obrecht, Josquin Desprez, Heinrich Isaak, etc.
No todos los compositores son franco-flamencos, pero sí los mejor representados en esta colección de música polifónica, y todos ellos pertenecientes a esta última generación, lo que da una idea de la modernidad de la corte castellana, al estar a la última en cuanto a creación musical europea. Esto se explica en parte por el hecho de que Felipe el Hermoso era flamenco, y al desposarse con Juana la Loca se trajo consigo, no solo a los músicos de su tierra, sino también la música que allí estaba de moda.

lunes, 16 de enero de 2017

MÚSICA BARROCA, JOHANN SEBASTIAN BACH

La obra de Johann Sebastian Bach constituye sin duda la cumbre del arte musical barroco. No es extraño que Anton Webern dijese que toda la música se encontraba en Bach. El mismo Arnold Schönberg subrayó que las audacias tonales del compositor alemán abrieron el camino a la disolución de la tonalidad, acontecida dos siglos después. A Igor Stravinski, la personalidad artística del maestro de Eisenach le pareció un milagro, algo sobrenatural e inexplicable. Y, sin embargo, en su época Bach fue un músico poco conocido, en comparación con maestros como Georg Philipp Telemann o Georg Friedrich Haendel. Sus composiciones, de profundo carácter especulativo, en las que la técnica y la ideación de nuevos procedimientos se combinan con las soluciones armónicas y melódicas más bellas, resultaban a oídos de sus coetáneos demasiado "intelectuales", por decirlo de algún modo. El público estaba acostumbrado a un arte menos denso, influido por el melodismo y la sencillez armónica de los compositores italianos y por el surgimiento de la ópera italiana, de la que la música instrumental adquirió no pocos elementos.






Bach fue prácticamente autodidacta: aparte de las lecciones que recibió como instrumentista, adquirió por sí mismo su formación compositiva a base de reflexión personal y del estudio y transcripción de partituras de compositores célebres como Vivaldi o Buxtehude. Así, en las obras de su primera etapa intentó ampliar las formas musicales al uso entre los instrumentistas alemanes de su época por medio de la tensión interna de temas que se yuxtaponen unos a otros. Es a partir de las composiciones para órgano de la época de Weimar cuando, con la inspiración de modelos extranjeros, comienza a fijar un estilo propio aplicando a estas influencias su talento para las combinaciones temáticas.

Su genio alcanzó el ámbito del concierto, en el que, junto a las obras para clave y las partituras violinísticas, merecen lugar de honor los llamados Conciertos de Brandemburgo (BWV 1046-BWV 1051), compuestos probablemente entre 1713 y 1721. Esta colección de seis conciertos fue enviada por Bach como obsequio al margrave Christian Ludwig de Brandemburgo, tío de Federico Guillermo I. Aunque el destinatario apreció las partituras, le parecieron algo difíciles y extravagantes, lo cual no debe sorprendernos si pensamos que en tiempos de Bach la forma concierto era mucho más convencional, todavía vinculada con el concerto grosso o con el esquema básico del concierto solista al estilo vivaldiano. Bach tiene una facilidad pasmosa para mezclar episodios del más puro e intenso contrapunto con los aires de danza o con la escritura armónica más brillante.


Carl Dahlhaus, quien señaló que Bach no fue importante para la música del siglo XVIII sino para la del siguiente. En efecto, a raíz del redescubrimiento de La pasión según San Mateo, que dirigió en 1829 en un concierto Félix Mendelssohn, Bach dejó de ser un organista de talento y un autor de imponentes fugas para convertirse en un mito de la música. La tiniebla en que había quedado envuelta su memoria se esfumó y pasó a erigirse en un verdadero modelo, en el artífice de un lenguaje nuevo de valor imperecedero.

La música de Johann Sebastian Bach fue poco interpretada en la segunda mitad del siglo XVIII. Sin embargo, la labor de sus propios hijos (especialmente, la de Carl Philipp Emmanuel) impidió que la música de Bach cayese en el olvido.


Las primeras ediciones de Bach  "el clave bien temperado" aparecieron, de forma simultánea, en Alemania y Gran Bretaña a principios del siglo XIX. Esta obra ocupó muy pronto un lugar preferente en los atriles de grandes maestros del piano, como Beethoven, Chopin, Liszt o Mendelssohn. Sin embargo, la consagración definitiva de Bach como genio universal llegó en 1829, cuando el propio Félix Mendelssohn dirigió la ejecución íntegra de La pasión según San Mateo. Desde entonces, la fama del gran músico barroco no ha dejado de acrecentarse, hasta convertirlo en uno de los compositores clásicos más admirados.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

MÚSICA INSTRUMENTAL DE LA EDAD MEDIA

En esta entrada voy a hablar sobre la exposición que hice en clase junto a Sergio.

Durante la Edad Media, los músicos estaban considerados como una clase marginal de vagabundos y pícaros a excepción de los trovadores.

Durante el siglo XIV sufre un cambio, pues surgen las primeras agrupaciones de músicos en las ciudades, llamadas gremios. Los músicos  son ahora los encargados de dar las horas, tocando las campanas, se encargan de animar las fiestas de las ciudades y de las ceremonia públicas.

Desaparecen los instrumentos heredados de la antigüedad y aparecen instrumentos nuevos como la viola o el laud. Hay poca documentación sobre la música instrumental de la época, pero es casi seguro que tanto la música religiosa como la profana, se acompañara de instrumentos.

 A excepción de los organistas, los únicos instrumentistas de la época eran juglares.

Este tipo de música servía para acompañar danzas, que eran casi todas monódicas.






Ahora voy a nombrar los diferentes tipos de instrumentos con algunos ejemplos.



INSTRUMENTOS DE CUERDA


Rabel: Cordófono de tres cuerdas que se toca con arco
















Dulcimer: Se toca percutiendo las cuerdas con unos macillos de madera
















Fídula: Instrumento de cuerda frotada, con cuerpo oval, tapa plana y clavijero




Arpa: Instrumento de forma triangular y cuerdas de longitud desigual


Lira: Instrumento de cuerdas de igual longitud que se tensan entre un clavijero y una consola transversal


Laud: Instrumento con caja de resonancia oval, cóncava y prominente, que se toca punteando o hiriendo las cuerdas




Organistrum: Especie de viola cuyo arco esta reemplazado por una rueda que frota las cuerdas por acción de una manivela

Salterio: Caja de resonancia plana sobre la que se tensa un número de cuerdas variable de longitudes desiguales



Monocordio: Caballete móvil que se desplaza a lo largo de una escala graduada que permite medir la longitud de la cuerda



INSTRUMENTOS DE VIENTO

Órgano: Instrumento musical armónico de teclado. Los sonidos se general haciendo pasar el aire por tubos de diferentes longitudes




INSTRUMENTOS DE PERCUSIÓN

Tambores de dos pieles: Sirven de acompañamiento a los instrumentos de viento




Pandereta: Tambor cobre un cerco con crótalos